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Una invitación a cumplir mi sueño de okupación rural: ""¿A que estas esperando?""Agosto2010... (...)

miércoles, 23 de abril de 2014

Filosofia griega para lecciones de subversion.

Diógenes de Sinope.
 
 
2. Llegando a Atenas, se encaminó con
Antístenes; y como éste, que a nadie admitía, lo
repeliese, prevaleció su constancia. Y aun
habiendo una vez alzado él báculo, puso él la
 
cabeza debajo, diciendo: Descárgalo, pues no
 
hallarás leño tan duro que de ti me aparte, con tal
que me enseñes algo. Desde entonces quedó como
 
discípulo suyo, y como fugitivo de su patria, se
dio una vida frugal y parca. Habiendo visto un
ratón que andaba de una a otra parte (lo cuenta
Teofrasto en su Megárico), sin buscar lecho, no
temía la oscuridad ni anhelaba ninguna de las
cosas a propósito para vivir regaladamente,
halló el remedio a su indigencia. Según algunos,
fue el primero que duplicó el palio, a fin de
tener con él lo necesario y servirse de él para
dormir. Se proveyó también de zurrón, en el
cual llevaba la comida, sin dejarlo jamás en
cualquier parte que se hallase, ya comiendo, ya
durmiendo, ya conversando; y decía, señalando
al pórtico de Júpiter, que los atenienses le habían
edificado otro pompeyo donde comiese.
 
 
3. Hallándose un tiempo débil de fuerzas,
caminaba con un báculo; mas después lo llevó
siempre, no en la ciudad, sino viajando, y entonces
llevaba también el zurrón, cómo refieren
Olimpiodoro, príncipe de los atenienses; Polieucto,
orador, y Lisanias, hijo de Escrión.
Habiendo escrito a uno que le buscase un cuarto
para habitar, como éste fuese tardado en
hacerlo, tomó por habitación una cuba ,
 
según él mismo lo manifiesta en sus Epístolas.
 
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Habiendo visto una vez que un muchacho bebía
con las manos, sacó su colodra del zurrón y la
arrojó diciendo: Un muchacho me gana en simplicidad
y economía. Arrojó también el plato,
 
habiendo igualmente visto que otro muchacho,
cuyo plato se había quebrado, puso las lentejas
que comía en una poza de pan.
 
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Decía que
 
los hombres contienden acerca del cavar y del acocear,
pero ninguno acerca de ser honestos y buenos. Se
admiraba de los gramáticos, que escudriñan los
trabajos de Ulises e ignoran los propios, También
de los músicos, que acordando las cuerdas de su
lira, tienen desacordes las costumbres del ánimo. De
los matemáticos, porque mirando al sol y a la luna
no ven las cosas que tienen a los pies. De los oradores
 
porque procuran decir lo justo, mas no procuran
 
hacerlo, De los avaros, porque vituperan de
palabra el dinero y lo aman sobre manera. Reprendía
a los que alaban a los justos porque desprecian el
dinero, pero imitan a los adinerados. Se conmovía
 
de que se ofreciesen sacrificios a los dioses por la
salud, y en los sacrificios mismos hubiese banquetes,
 
que le son contrarios. Se admiraba de los esclavos
que viendo la voracidad de sus amos nada hurtaban
 
de la comida. Loaba mucho a los que pueden casarse
 
y no se casan; a los que les importa navegar y no
navegan; a los que pueden gobernar la República y
lo huyen; a los que pueden abusar de los muchachos
y se abstienen de ello; a los que tienen oportunidad y
disposición para vivir con los poderosos y no se acercan
 
a ellos. Decía que debemos alargar las manos a
los amigos con los dedos extendidos, no doblados.
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6. Refiere Menipo en La almoneda de
Diógenes que, habiendo sido hecho cautivo,
como al venderlo le preguntasen qué sabía
 
hacer, respondió: Sé mandar a los hombres. Y al
pregonero le dijo: Pregona si alguno quiere comprarse
un amo. Prohibiéndole que se sentase,
respondió: No importa; los peces de cualquier modo
que estén se venden. Decía que se maravillaba de
 
que no comprando nosotros olla ni plato sin examinarlo
bien, en la compra de un hombre nos contentamos
 
sólo con la apariencia. A Jeníades, que lo
compró, le decía: Que debía obedecerle, por más
 
que fuese su esclavo; pues aunque el médico y el
piloto sean esclavos, conviene obedecerlos.
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8. Habiéndolo uno llevado a su magnífica

y adornada casa y prohibiendo el que escupiese

en ella, arrancando una buena reuma se la escupió
en la cara diciendo que no había hallado

lugar más inmundo.

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Estando tomando el sol en el Cranión, se le
acercó Alejandro Magno y le dijo: Pídeme lo que quieras;

a lo que respondió él: Pues no me hagas sombra.

Tras las burlas y risas de algunos asistentes,

Alejandro añadió: Si no fuera Alejandro,

quisiera ser Diógenes.

                                                            



                                           Estractos de : (Vida de los filósofos mas ilurstres , por: Diógenes Laercio)


 

 


 
                                 

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